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Mayo de 2014

Comité para las festividades con motivo del bicentenario
de MADRE ALFONS MARÍA EPPINGER

 

  Lema: La grandeza de una vida sencilla
  Celebración del bicentenario de Madre Alfons María

 

LA ESPIRITUALIDAD de MAM

 

200 rokov narodenia MAM

9. Obediencia

La Regla viva

  • La venerable Sierva de Dios Elizabeth Eppinger era durante toda su vida un modelo de la obediencia. Ya como niña, ella practicaba esta virtud que ha marcado su vida. En cuanto hubiera comprendido que la voluntad de Dios se muestra a través de la voz de sus padres y de su director espiritual, luchaba incansablemente contra el defecto de su temperamento, la terquedad, que hubiera podido llevar a fracaso lo que la Gracia de Dios había sembrado en su alma. Ella quería obedecer, cueste lo que cueste.

  • Para sí misma, ella no demandaba otra cosa que conocer la Voluntad de Dios y vivir correspondiente a esa. Dejaba guiarse por Dios que le invitaba a una experiencia extraordinaria. Era inquebrantable en la obediencia.

  • La Sierva de Dios Madre Alfons María seguía obedientemente su conciencia. En este espíritu, fundaba todas sus obras. Padre Reichard podía atestiguar: “Ella es como la Regla viva. Observa los reglamentos del Instituto con exactitud absoluta y se atiene, preferentemente, a las prácticas más estrictas y a aquellas que se oponen más a su naturaleza.”

  • Actuaba en el espíritu del amor y de la obediencia. Durante toda su vida, aspiraba a la obediencia perfecta. “Repito y confirmo”, Padre Reichard escribió al Obispo Mons. Raess, “que en su comportamiento todo era pura obediencia, y eso con una disponibilidad de la mente y del corazón que desde su infancia hasta hoy nunca, ni siquiera por un momento, ha declinado.”

  • La obediencia y la humildad eran para Elizabeth – Madre Alfons María condiciones importantes para los dones sobrenaturales que ella había recibido. En la obediencia frente a Dios, siempre seguía su conciencia delicada. Desde su infancia, la desviación más mínima de sus propios propósitos le causaba miedo de ofender a Dios.

  • La vida espiritual de la Sierva de Dios manifiesta una grandeza extraordinaria, porque – como instrumento humilde del Amor de Dios – en todo ella dejaba guiarse por EL. En la obediencia, se esforzaba también por vivir según las Constituciones de la Congregación como signo de la entrega amorosa a Dios.

    (Los teólogos, Roma, en 2009)

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