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Julio de 2014

Comité para las festividades con motivo del bicentenario
de MADRE ALFONS MARÍA EPPINGER

 

  Lema: La grandeza de una vida sencilla
  Celebración del bicentenario de Madre Alfons María

 

LA ESPIRITUALIDAD de MAM

 

200 rokov narodenia MAM

11. Castidad

Una vida transparente

  • Madre Alfons María estaba siempre aspirando una vida perfecta. Era convencida de que todo viene de Dios, de que se hace todo por Dios y de que todo volverá a Dios. En todo, confiaba sin límites en Dios, y así alcanzó un nivel extraordinario de vivir la castidad y todas las virtudes cristianas.

  • Ya desde su infancia, ella amaba lo más la castidad y se esforzaba vivirla. Suplicaba con firmeza al Señor que Él le guardará su corazón en la pureza para que pueda servirle a Él en virginidad y pueda morir en castidad.

  • El día de su Primera Comunión, Elizabeth renovó su voto de bautismo y pidió a Jesús su ayuda para que le permanezca fiel a Él siempre. Siente muy fuertemente la presencia del Señor en su interior. Sus pensamientos estaban fijados en Dios, no había nada que le interesaba más que Dios. Todo lo que veía, veía sólo en Dios.

  • Su preocupación constante era: amar a Dios, a su “novio” y “esposo” Jesucristo. Rezaba para poder amar. Rezaba que haga nada que desagradaría al Señor.

  • No quería quedar una virgen sólo de nombre, pero quería también decorar su corazón con las virtudes que el Señor espera de las vírgenes. Para poder perseverar en la castidad, pidió ayuda a la Madre de Dios. Velaba permanentemente por esta virtud aprovechando todos los medios para esto. Ella misma dice: “Para guardar mi corazón siempre puro, para alcanzar la santidad y cumplir constantemente y en todo la voluntad de Dios, sufriré con gusto, sólo para que llegue esto.” En estas palabras se puede conocer su programa espiri-tual como también el desarrollo de su avanzar espiritual.

  • En su vida consagrada ella amaba a Dios con un amor cada vez más profundo, y su ascetismo también se volvió de valor siempre más grande. Era capaz de dejar todo, de abandonar todo, para ser más libre para Dios. Escuchaba siempre la Palabra de Dios y se ejercía en la calma y en el silencio.

  • En virtud de la Gracia Divina, ya desde su infancia y a lo largo de toda su vida guardaba la castidad en sus acciones, en sus miradas y en sus pensamientos.

    (Los teólogos, Roma, en 2009)

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