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Septiembre 2013

Comité para las festividades con motivo del bicentenario
de MADRE ALFONS MARÍA EPPINGER

 

  Lema: La grandeza de una vida sencilla
  Celebración del bicentenario de Madre Alfons María

 

LA ESPIRITUALIDAD de MAM

 

200 rokov narodenia MAM

  1. La Fe,

el alma del hombre; el compromiso de Madre Alfons María

  • En el ámbito de su familia y de la parroquia, Elizabeth ha aprendido a rezar, a vivir su Fe, adorar a Jesús en la Eucaristía, a mirar a la Cruz y a contemplar la Pasión de Jesucristo, y ha llegado, paulati-namente, a una unión más y más íntima con Cristo. Era una mujer contemplativa que vivía en la presencia de Dios, pero al mismo tiempo era una persona dinámica y concreta, se dedicaba con empeño a los que sufren. Quería “encender” en ellos el Amor a Dios para que puedan alcanzar la Salvación más fácilmente.

  • Un rasgo muy característico es su veneración de la Eucaristía desde y su gran devoción a la Santa Misa – a partir de su niñez y desde su Primera Comunión a la edad de 14 años. La Sierva de Dios ha esperado todo de Dios. Percibía con mucha sensibilidad las cuestiones de la Iglesia y el primato del Papa. La Fe se expresaba en su apego a Dios como el Único en quién se puede lograr la Salvación.

  • Vivía la Fe no como objeto de especulaciones teológicas, sino más como “sublimar” a Dios y como apegarse totalmente a su Palabra.

  • Ya como niña y luego como joven, Elizabeth tenía el don de una Fe admirable. Anhelaba llegar a conocer a Dios, escuchar hablar sobre Dios y acerca de temas de la religión. Le gustaban las clases de catecismo, y prestaba atención que no olvide nada de lo que había oído de Dios. La oración íntima le era un fortalecimiento, también en el tiempo de enfermedad, y era para ella una medida para un encuentro más profundo con Dios.

  • Como Elizabeth vivía la obediencia en la Fe, Dios le ofrecía su Gracia. En ella, una entrega total a Dios ha crecido con su edad, y esa encontró su “manifestación natural” en los votos, los Consejos Evangélicos. Como superiora, enseñaba a las Hermanas mediante de palabras, pero sobre todo por medio de su ejemplo, a confiar en Dios y encomendarse en Su Providencia.

  • Desde su infancia, Elizabeth era atraída, de manera extraordinaria, por todo lo que se refiere a Dios. Decía como niña a menudo que querría llegar a ser una santa, porque querría amar sólo a Dios, únicamente a Él, y querría sólo cumplir su voluntad.

  • En la vida de la Sierva de Dios no faltan las oportunidades donde podía demostrar su Fe heroica: primero en su familia, más tarde en la parroquia y luego en el Instituto religioso fundado por ella. Ella ponía en práctica su Fe en la convicción que, para la nueva Congregación, el Señor es el Buen Pastor que sabe ayudar a resolver los problemas y a superar las dificultades espirituales que ella misma y sus Hermanas experimentaban.

    (Lo teólogos, Roma, en 2009)

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